SER LA MUJER QUE PUEDE CON TODO TAMBIÉN AGOTA
Cumplimos con nuestro trabajo, estamos al pendiente del estado emocional y físico de nuestros hijos, de la pareja, estamos para los amigos, familiares, la casa, el hogar, organizamos, lideramos, nuestra vida cotidiana se la pasa en resolver, sostener, contener a otros. Pero ¿quién nos sostiene?Por supuesto, nosotras mismas, debemos resolvernos, contenernos, sostenernos al mismo tiempo que lo hacemos con otros. Todo funciona, los otros, el entorno, pero por dentro nos sentimos saturadas, nos cuesta sostenernos, hasta el punto de abandonarnos, anhelando que otros nos ayuden a transitar nuestra emoción.
No queremos dejar todo e irnos lejos (aunque en ocasiones el pensamiento de huida pasa por nuestra mente) simplemente sentimos que la emoción pesa, encontrar el equilibrio entre dar y recibir sería una de las soluciones, pues percibimos de nuestro entorno, que lo que sentimos importa un poco menos que el hacer para tener y vivir bien.
Cuando estamos en posición de responsabilidad impuesta o autoimpuesta, reflejamos la necesidad inconsciente de control, perfeccionismo, pertenencia, y cae bien disfrazarla de productividad, pues es una medida social del ser exitosas. Estamos sobrecargadas, con emociones no procesadas ni liberadas, convirtiéndolas en un problema emocional sin estructura.
Evidentemente hay un desgaste, podemos estar decidiendo desde la saturación, sin atender nuestra intuición, nuestras necesidades emocionales; entonces, tendemos a postergar conversaciones importantes, decimos “sí” para evitar el conflicto, sentimos culpa o nos arrepentimos al elegir para sí, pensamos demasiado antes de actuar, nos sentimos inseguras al tomar una decisión. Y cuando más postergas, mayor se vuelve la lista mental.
El problema no es la emocionalidad excesiva, es la falta de orden interno.
La solución: Ordenar antes de decidir.
No necesitamos volvernos más fuertes, necesitamos abrazar nuestra vulnerabilidad y ser más estructuradas emocionalmente.
Desde mi experiencia personal y de otras mujeres, el cambio comienza en tres pasos simples:
1. Regular antes de decidir
La respiración consciente realizada diariamente cambia completamente nuestro día y la calidad de las elecciones, pues decidimos desde la calma y no desde un estado de confusión o ansiedad. Importante tener claridad mental y un kit de emergencia emocional, es decir, todo aquello que nos lleve a conectar con nosotras mismas, por ejemplo: una playlist con tu música favorita, pintar, bailar, hacer ejercicio, orar, recurrir a la persona clave que, por su naturaleza, nos ayude a alivianar tus emociones.
2. Diferenciar entre qué es tuyo y qué no
Muchas veces cargamos el peso de las expectativas de los otros, principalmente de la pareja, sociedad, presión laboral o familiar; ese “debería de hacer…” en muchas ocasiones no nos permite elegir desde nuestra convicción e interés.
Pregúntate: ¿Esto es realmente mi responsabilidad, la puedo delegar o estoy sosteniendo algo que no me corresponde?
Liberar esa carga reduce inmediatamente la saturación.
3. Elegir lo sostenible
La decisión correcta es la que sientas paz, cuando elegimos lo sostenible, la culpa disminuye, tu energía se estabiliza, te enfocas en lo que verdaderamente importa.
Ante una decisión, pregúntate: ¿Esto trae paz a mi vida?
No necesitamos hacer más, necesitamos sentir más, dejar de andar en automático, para decidir mejor, y para ello se requiere orden interno, límites claros, conocernos mejor y regular nuestra emoción.
La invitación aquí es VOLVER AL CENTRO, y con esto no digo detener su vida, más bien significa dejar de sostener desde el desborde emocional y dejar de contener lo incontenible.
Cuando ordenas lo que sientes, las decisiones dejan de ser una carga y se convierten en una dirección.